domingo, 14 de diciembre de 2014

19 de Diciembre de 1971


De mi se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo.
No me interesa demasiado la definición que se haga de mí.
No aspiro al nobel de literatura. me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice "me cague de risa con tu libro".

Roberto el negro Fontanarrosa (Rosario, 26 de noviembre de 1944 - Rosario, 19 de julio del 2007) fue un humorista gráfico y escritor argentino.

 19 de Diciembre de 1971 

Sí yo sé que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que hicimos con el viejo Casale, yo sé. Nunca falta gente así. Pero ahora es fácil decirlo, ahora es fácil. Pero habla que estar esos días en Rosario para entender el fato, mi viejo, que hablar al pedo ahora habla cualquiera.
Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario en esos días anteriores al partido. ¡Y qué te digo “esos días”! ¡Desde semanas antes ya se venía hablando, del partido y la ciudad era una caldera, porque eso era lo que era la ciudad! Claro, los que ahora hablan son esos turros que después vos los veías por la calle gritando y saltando como unos desgraciados, festejando en pedo a los gritos y después ahora te salen con que son... ¿qué son?... moralistas... ¿De qué se la tiran, hijos de mil putas? Ahora son todos piolas, es muy fácil hablar. Pero si vos vieras lo que era la ciudad en esos días, hennano, prendías un fósforo y volaba todo a la mierda. No se hablaba de otra cosa en los boliches, en la calle, en cualquier parte. Saltaban chispas, te aseguro. Y la cosa arrancó con el fato de las cábalas. O mejor dicho, de los maleficios.
—Hay que entender que no era un partido cualquiera, hermano, era una final final. Porque si bien era una semifinal, el que ganaba después venía a jugar a Rosario y le rompía el culo a cualquiera. Fuera Central como Ñul, acá le hacía la fiesta a cualquiera. ¡Y cómo estaban los lepra! ¡Eso, eso tendrían que acordarse ahora los que hablan al reverendo pedo y nos vienen a romper las pelotas con el asunto del viejo Casale! ¿No se acuerdan esos turros cómo estaban los lepra? ¿No se acuerdan ahora, mi viejo? Había que aguantarlos porque se corrían una fija, pero una fija se corrían, hermano, que hasta creo que se pensaban que nos iban a llenar la canasta. No que sólo nos iban a hacer la colita sino que además nos iban a meter cinco, en el Monumental y para latelevisión. ¡Pero por qué no se van a la concha de su madre! ¡Qué mierda nos van a hacer cinco esos culosroto! ¡Así se la comieron doblada! ¡Qué pija que tienen desde ese día y no se la pueden sacar!
Pero la verdad, la verdad, hermano, con una mano en el corazón, que tenían un equipazo, pero un equipazo, de padre y señor mío.
Hay que reconocerlo. Porque jugaban que daba gusto, el buen toque y te abrochaban bien abrochado. Estaba Zanabria, el Marito Zanabria; el Mono Obberti ¡Dios querido, el Mono Obberti, qué jugador! Silva el que era de Lanús, el albañil. ¡Montes! Montes de cinco; Santamaría el Cucurucho Santamaría, qué sé yo, era un equipazo, un equipazo hay que reconocer, y la lepra se corría una fija. ¿Sabés cuántos había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles, millones, yo no sé de dónde habían salido tantos leprosos. Si son cuatro locos y de golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados. Todos fueron. ¡Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, oíme, había que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no podés perder, tenés que ganar o ganar. No hay tutía. Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que había que hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que no se pueden perder. ¿Y qué? ¿Te vas a dejar basurear por estos soretes para que te refrieguen después la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ahí, hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo ¿viste? tu vieja, por ejemplo, que por ahí sos capaz hasta de ir a la iglesia ¿viste? Y te digo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me ocurrió, mirá vos, que si no... te aseguro que me confesaba y todo si servía para algo. Pero con los muchachos enganchamos con la cuestión de las brujerías, de la ruda macho, de enterrar un sapo detrás del arco de Fenoy, de tirar sal en la puerta de los jugadores de Ñubel y de todas esas cosas que siempre se habla. Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y había muñecos con camiseta de Ñubel clavados con alfileres, maldiciones pedidas por teléfono y hasta mi vieja que no manya mucho del asunto tenía un pañuelo atado desde hacía como diez días, de ésos de “Pilato, Pilato, si no gana Central en River no te desato”. Después la vieja decía que habíamos ganado por ella, pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejo Casale, pero yo le decía que sí para no desilusionarla a la vieja.
Pero todo el fato de la ruda macho y el sapo de atrás del arco eran, qué sé yo, cosas muy generales, ya había tipos que lo estaban haciendo y además, el partido era en el Monumental y no te vas a meter en la pista olímpica a enterrar un sapo porque vas en cana con treinta cadenas y no te saca ni Dios después, hermano. Entonces, me acuerdo que empezamos con la cosa de las cábalas personales. Porque me acuerdo que estábamos en el boliche de Pedro y veníamos hablando de eso. Entonces, por ejemplo, resolvimos que a Buenos Aires íbamos a ir en el auto del Dani porque era el auto con el que habíamos ido una vez a La Plata en un partido contra Estudiantes y que habíamos ganado dos a cero. Yo iba a llevar, por supuesto, el gorrito que venía llevando a la cancha todos los últimos partidos y no me había fallado nunca el gorrito. A ése lo iba a llevar, era un gorrito milagroso ése.El Coqui iba a ir con el reloj cambiando de lugar, o sea en la muñeca derecha y no en la izquierda, porque en un partido contra no sé quién se lo había cambiado en el medio tiempo porque íbamos perdiendo y con eso empatamos.o sea, todo el mundo repasó todas las cábalas posibles como para ir bien de bien y no dejar ningún detalle suelto. te digo más, estuvimos parados en la tribuna en el partido contra Atlanta para pararnos de la misma manera en el partido contra la lepra el boludo de michi decía que él había estado detrás del Valija y el Miguelito porfiaba que el que había estado detrás del Valija era él. Mirá vos, hasta eso estudiamos antes del partido, para que veas cómo venía la mano en esos días. ¿Y sabés qué te lleva a eso, hermano, sabés qué te lleva a eso? El cagazo, hermano, el cagazo, el cagazo te lleva a hacer cualquier cosa, como lo que hicimos con el viejo Casale.
Porque si llegábamos a perder, mamita querida, nos teníamos que ir de la ciudad, mi viejo, nos teníamos que refugiar en el extranjero, te juro, no podíamos volver nunca más acá. Íbamos a perecer esos refugiados camboyanos que se tomaron el piro en una balsa. Te juro que si perdíamos nosotros agarrábamos el “Ciudad de Rosario” y por acá, por el Paraná, nos teníamos que ir todos, millones de canallas, no sé, a Diamante, a Perú, a Cuzco, a la concha de su madre, pero acá no se iba a poder vivir nunca más con la cargada de los leprosos putos, mí viejo. Ya el Miguelito había dicho bien claro que él se la daba, que si perdíamos agarraba un bufo y se volaba la sabiola y te digo que el Miguelito es capaz de eso y mucho más porque es loco el Miguelito, así que había que creerle. O hacerse puto, no sé quién había comentado la posibilidad de hacerse trolo y a otra cosa mariposa, darle a las plumas y salir vestido de loca por Pellegrini y no volver nunca más a la casa. Pero, te digo, nadie quería ni siquiera sentir hablar de esa Posibilidad. Ni se nombraba la palabra “derrota”.
Era como cuando se habla del cáncer, hermano. Vos ves que por ahí te dicen “la papa”, o “tiene otra cosa”, “algo malo”, pero el cangrejo, mi viejo, no te lo nombra nadie. Y ahí fue cuando sale a relucir lo del viejo Casale. El viejo Casale era el viejo del Cabezón Casale, un pibe que siempre venía al boliche y que durante años vino a la cancha con nosotros pero que ya para ese entonces se había ido a vivir al norte, a Salta creo, lo vi hace poco por acá, que estaba de paso. Y ahí fue que nos acordamos de que un día, en la casa del Cabezón, el viejo había dicho que él nunca, pero nunca, lo había visto perder a Central contra Ñul. Me acuerdo que nos había impresionado porque ese tipo era un privilegiado del destino. Aunque al principio vos te preguntas, “¿Cómo carajo hizo este tipo pata no verlo perder nunca a Central contra Ñul? ¿Qué mierda hizo? Este coso no va nunca a la cancha”. Porque, oíme alguna vez lo tuviste que ver perder, a menos que no vayás a. los clásicos. Y ojo que yo conozco muchos así, que se borran bien borrados de los clásicos. O que van en Arroyito, pero que a la cancha del Parque no van en la puta vida. Y me acuerdo que le preguntarlos eso al viejo y el viejo nos dijo que no, y nos explicó. El iba siempre, un fana de Central que ni te cuento, pero se había dado, qué sé yo, una serie de casualidades que hicieron que en un montón de partidos con Ñul él no pudiera ir por un montón de causas que ni me acuerdo. Que estaba de viaje por Misiones —el viejo era comisionista—; que ese día se había torcido un tobillo y no podía caminar, que estaba engripado, que le dolía un huevo, qué sé yo, en fin, la verdad, hermano— que el viejo la posta posta era que nunca le había tocado ver un partido en que la lepra nos hubiera roto el orto. Era un privilegiado el viejo y además, un talismán, querido, porque así como hay tipos mufa que te hacen perder partidos adonde vayan, hay otros que si vos los llevás es número puesto que tu equipo gana. No es joda. Y el viejo Casale era uno de éstos, de los ojetudos.
Entonces ahí nos dijimos “Este viejo tiene que estar en el Monumental contra Ñubel. No puede ser de otra forma. Tiene que estar”... Claro, dijimos, seguro que va a estar, si es fana de Central, canalla a muerte. Pero nos agarró como la duda viste? porque nosotros no era que lo veíamos todos los días al viejo, te digo más, desde que el Cabezón se había ido al norte a laburar, al viejo de él no lo habíamos vuelto a ver ni en la cancha, ni en la calle ni en ninguna parte. Además, el viejo ya estaba bastante veterano porque debía tener como ochenta pirulos por ese entonces. Bah, en realidad ochenta no, pero sus sesenta, sesenta y cinco años los tenía por debajo de las patas.
Entonces, con el Valija, el Colorado y el Miguelito decimos “vamos a la casa del viejo a asegurarnos que va y si no va lo llevamos atado”. Porque también podía ser que el viejo no fuera porque no tuviera guita, qué sé yo. Nosotros ya habíamos pensado en hacer una rifa a beneficio, una kermesse, cualquier cosa. El viejo tenía que ir, era una bandera, un cheque al portador.
La cuestión es que vamos a la casa y... ¿a qué no sabés con lo que nos sale el viejo? Que andaba mal del bobo y que el médico le había prohibido terminantemente ir a la cancha, mirá vos. Nos sale con eso. Que no. Que había tenido un infarto en no sé qué partido, en un partido de mierda después que una pelota pegó en un palo, que había estado muerto como media hora y lo habían salvado entre los indios con respiración artificial y masajes en el cuore, que no había clavado la guampa de puro pedo y que le había quedado tal cagazo que no había vuelto a ir a la cancha desde hacía ya, mirá lo que te digo, dos años.
¡Hacía dos años que no iba a la cancha el viejo ese! Y no era sólo que él no quería ir sino que el médico y, por supuesto, la familia, le tenían terminantemente prohibido ir, lógicamente. No sé si no le prohibían incluso escuchar los partidos por radio, no sé si no se lo prohibían, para que no le pateara el bobo, porque parece que el viejo escuchaba un pedo demasiado fuerte y se moría, tan jodido andaba. Vos le hacías ¡Uh! en la cara y el viejo partía. ¡Para qué! Te imaginás nosotros, la desesperación, porque eso era como un presagio, un anuncio del infierno, hermano, era un preanuncio de que nos iban a hacer cagar en Buenos Aires, mi viejo. Entonces empezamos a tratar de hacerle la croqueta al viejo, a convencerlo, a decirle “Pero mire, don Casale, usted tiene que estar, es una cita de honor. ¡Qué va a estar mal usted del cuore, si se lo ve cero kilómetro! Vamos, don Casale —me acuerdo que lo jodía Miguelito— ¿cuántos polvos se echa por día? usted está hecho un toro”. Pero el viejo, ni mierda, en la suya. Que no y que no.
Le decíamos que el partido iba a ser una joda, que Ñubel tenía un equipo de mierda y que ya a los quince minutos íbamos a estar tres a cero arriba, que el partido era una mera formalidad, que el gobierno ya había decidido que tenía que ganar Central para hacer feliz a mayor cantidad de gente. No sé, no sé la cantidad de boludeces que le dijimos al viejo para convencerlo. Pero el viejo nada, una piedra el hijo de puta. Para colmo ya habían empezado a rondar la mujer del viejo, madre del Cabezón, y una hermana del Cabezón, que querían saber qué carajo queríamos decirle nosotros al vicio en esa reunión, porque medio que ya se sospechaban que nosotros no íbamos para nada bueno. En resumen que el viejo nos dijo que no, que ni loco, que ni siquiera sabía si iba apoder resistir la tensión de saber que se jugaba el partido, aun sin escucharlo. Porque el viejo los diarios los leía, tan boludo no era, y sabía cómo venía la mano, cómo era la cosa, cómo formaban los equipos, suplentes, historial, antecedentes, chaquetillas, color, todo. Nos dijo más. “Ese día —nos dijo— bien temprano, antes de que empiecen a pasar los camiones y los ómnibus con la gente yendo para Buenos Aires, yo me voy a la quinta de un hermano mío que vive en Villa Diego”. No quería escuchar ni los bocinazos el viejo. “Me voy tempranito a lo de mi hermano, que a mi hermano le importa un sorete el fútbol, y me paso el día ahí, sin escuchar radio ni nada”. Porque el viejo decía y tenla razón, que si se quedaba en la casa, por más que se encerrara en un ropero, algo iba a oír, algún grito, algún gol, alguna cosa iba a oír, pobre desgraciado, y se iba a quedar ahí mismo seco en el lugar. Así que se iba a ir a radicar en la quinta de ese hermano que tenía, para borrarse del asunto.
Muy bien, muy bien. Te digo que salimos de allí hechos bosta porque veíamos que la cosa venía muy mal. Casi era ya un dato seguro como para decir que éramos boleta. Para colmo, al Valija, el día anterior le había caído una tía del campo y él se acordaba que, en un partido que perdimos con San Lorenzo, esa misma tía le había venido el día antes. Era un presagio funesto el de la tía.
Fue cuando decidimos lo del secuestro. Nos fuimos al boliche y esa noche lo charlamos muy seriamente. El Dani decía que no, que era una barbaridad, que el viejo se nos iba a morir en el viaje, o en la cancha, y después se iba a armar un quilombo que íbamos a terminar todos en cana y que, además, eso sería casi un asesinato. Pero al Dani mucha bola no le dimos porque ha sido siempre un exagerado y más que un exagerado, medio cagón el Dani. Pero nosotros estábamos bien decididos y más que nada por una cosa que dijo el Valija: el viejo estaba diez puntos. Había tenido un infarto, es cierto. Pero hay miles de tipos que han tenido un infarto y vos los ves caminando tranquilamente por la yeca y sin hacer tanto quilombo como este viejo pelotudo, con eso de meterse adentro de un ropero, o no ir a la cancha, o dejar que te rigoree la familia como la esposa y la otra, la hermana del Cabezón. Por otra parte, y vos lo sabés, los médicos son unos turros pero unos turros que se ve que lo querían hacer durar al viejo mil años para sacarle guita, hacerle experimentos y chuparle la sangre. Y además, como decía el Miguelito y eso era cierto, vos lo veías al viejo y estaba fenómeno. Con casi sesenta afios no te digo que parecía un pendejo pero andaba lo más bien. Caminaba, hablaba, se sentaba, qué sé yo, se movía. ¡Chupaba! Porque a nosotros nos convidó con Cinzano y el viejo se mandó su medidita, no te digo un vasazo pero su medidita se mandó. La cosa es que el Miguelito elaboró una teoría que te digo, aún hoy, no me parece descabellada. ¡El viejo era un curro, hermano! Un turrazo que especulaba con el fato del bobo para pasarla bien y no laburarla nunca más en la vida de Dios. Con el sover del bobo no ponía el lomo, lo atendían a cuerpo de rey y —la tenía a la vieja y a la hermana del Cabezón pendientes de él —viviendo como un bacan, el viejo. Y... ¿de qué se privaba? De algún faso; que no sé si no fasearía escondido; y de no ir a—la cancha. Fijate vos, eso era todo. Y vivía como Carolina de Mónaco el otario. Bueno, con ese argumento y lo que dijo el Colorado se resolvió todo.
El Colorado nos habló de los grandes ideales, de nuestra misión frente a la sociedad, de nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos dijo que si ese partido se perdía, miles y miles de pendejos iban a sufrir las consecuencias. Que, para nosotros y eso era verdad, iba a ser muy duro, pero que nosotros ya estábamos jugados, que habíamos tenido lo nuestro y que, de últimas, teníamos experiencias en malos ratos y fulerías. Pero los pibes, los pendejitos de Central, ésos, iban a tener de por vida una marca en sus vidas que los iba a marcar para siempre, como un fierro caliente. Que las cargadas que iban a recibir esos pibes, esas criaturas, en la escuela, los iban a destrozar, les iban a pudrir el bocho para siempre, iban a ser una o dos generaciones de tipos hechos bolsa, disminuidos ante los leprosos, temerosos de salir a la calle o mostrarse en público. Y eso es verdad, hermano, porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela primaria, sobre todo.
Yo me acuerdo cuándo perdimos cinco a tres con la lepra en el Parque después de ir ganando dos a cero, cuando se vendió el Colorado Bertoldi, que todavía se estará gastando la guita, y te juro que yo por una semana no me pude levantar de la cama porque no me atrevía a ir a la escuela para no bancarme la cargada de los lepra. Los pibes son muy hijos de puta para la cargada, son muy crueles. ¿No viste cómo descuartizan bichos, que agarran una langosta y le sacan todas las patas? Son unos hijos de puta los pibes en ese sentido. Y lo que decía el Colorado era verdad. Ahora todo el mundo habla de la deuda externa, y bueno, hermano, eso era algo así como lo de la deuda externa, que por la cagada de cuatro reverendos hijos de puta que empeñaron el país, la tenemos que pagar todos y los hijos y los hijos de nuestros hijos. Y si estaba en nosotros hacer algo para que eso no pasara, había que hacerlo, mi querido. Además, como decía el Colorado, ya no era el problema de la cargada de los pendejos futbolistas, está también el fato del exitismo. Los pibes ven que gana un equipo y se hacen hinchas de ese equipo, son así, casquivanos. Son hinchas del campeón. Entonces, ponele que hubiese ganado Ñubel y... ¡a la mierda! ... de ahí en más todos los pibes se hacían de Ñubel, ponele la firma. Y no te vale de nada llevarlos a la cancha, conversarlos, hablarles del Gitano Juárez o el Flaco Menotti, ni comprarles la camiseta de Central apenas nacen. No te vale de nada. Los pendejos ven que sale River campeón y son de River. Son así. Y en ese momento no era como ahora que, mal que mal, vos los llevás al Gigante y los pibes se caen de culo. Entonces, cuando van al chiquero del Parque, por mejor equipo que pueda tener Ñul, los pibes piensan “Yo no puedo ser hincha de esta villa miseria” y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos y vos ves que ahora los pibes por ahí ni siquiera han visto jugar a Central o a Ñul y ya se hacen hinchas de Central por el estadio. Es otra época, los pendejos son más materialistas, yo no sé si es la televisión o qué, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.
Entonces la cosa estaba clara, había que secuestrar al viejo Casale, o sino aguantarse que quince, veinte años depués, hoy por ejemplo, la ciudad estuviese llena de lepra sos nacidos después de ese partido, y esto hoy ¿sabés lo que sería? Beirut sería un poroto al lado de esto, hermano te juro.
El que organizó la “Operación Eichmann”, como lo llamamos, fue el Colorado. La llamamos así por ese general aleman, el torturador, que se chorearon de acá una vez los judíos ¿viste? y lo nuestro era más o menos lo mismo. El Colorado es un tipo muy cerebral, que le carbura muy bien el bocho y él organizó todo. El Colorado ya no estaba par ese entonces en la O.C.A.L.. La O.C.A.L., no sé si sabés es una organización de acá, de Rosario, que se llama así porque son iniciales, O.C.A.L “Organización Canalla Anti Lepra”. Son un grupo de ñatos como el Ku-Klux-Klan, más o menos, que se reúnen en reuniones secretas y no sé si no van con capucha y todo a las reuniones, o si queman algún leproso vivo en cada reunión. Mirá yo no sé si es requisito indispensable ser hincha de Central, pero seguro seguro, lo que tenés que hacer es odiar a los lepra. Tenés que odiar más a los lepra que lo que querés a Central.
Hacen reuniones, escriben el libro de actas, piensar maldades contra los lepra, festejan fechas patrias de partidos que les hemos ganado, tienen himnos, son como esos tipos los masones esos, que nadie sabe quiénes son. Andan con antorchas. Bueno, de la O.C.A.L., de la O.C.A.L. al Colorado lo echaron por fanático, con eso te digo todo pero es un bocho el Colorado y él fue el que organizó todo el operativo.
Y te la cuento porque es linda, te la cuento porque es linda, no sé si un día de estos no aparece en el “Selecciones” y todo. Averiguamos qué ómnibus iba para Villa Diego, adonde tenía la quinta el hermano del viejo Casale. Desde donde vivía el viejo, ahí por San Juan al mil cuatro cientos, lo único que lo dejaba en ese entonces, si mal no recuerdo, era el 305 que pasaba por la calle San Luis. O sea que el viejo tenía que tomarlo en San Luis-Paraguay o San Luis-Corrientes, no más allá de eso a menos que fuera muy pelotudo y lo fuera a tomar a Bulevar Oroño que no sé para qué mierda iba a hacer eso. Ahora, la. duda era si el viejo se iba a ir en ómnibus o en auto, porque si se iba en auto nos recagaba, pero nos jugábamos a que se iba a ir en ómnibus porque auto no tenía y seguro que el hermano tampoco tenía porque debía ser un muerto de hambre como él, seguramente. Y te digo que la cosa venía perfecta, porque el viejo nos había dicho que iba a salir bien temprano para no infartarse con las bocinas o sea que nosotros podíamos combinarlo con el horario de salida nuestra para el partido. Porque también nos cagaba si salía a la una de la tarde para Villa Diego porque después ¿cómo llegábamos nosotros a Buenos Aires para la hora del partido con el quilombo que era la ruta y en un ómnibus de línea? Lo más probable es que nos hiciéramos pelota en el camino por ir a los pedos. Y por otra parte, hermano, Villa Diego queda saliendo para Buenos Aires o sea que la cosa estaba clavada, era posta posta.
Después hubo que hablar con los otros muchachos, porqu e convencer al Rulo no nos costó nada, a él le daba lo mismo y, además, le contamos los entretelones del asunto. Te digo que el Colora manejó la cosa como un capo, un maestro. El asunto era así, el Rulo es un fana amigo de Central que tiene un par de ómnibus, está muy bien el Rulo. Y en esa época tenía un par de coches en la línea 305. Fue un ojete así de grande, porque si no teníamos que conseguir otro coche, cambiarle el color, pintarlo, qué sé yo, ponerle el número, un laburo bárbaro. Pero el Rulo tenía dos 305 y con uno de ésos ya tenía pensado pirarse para el Monumental el día del partido y más bien que se llevaba como mil monos que también iban para allá. Lo sacaba de servicio y que se fueran todos a la reputísima madre que los parió, no iba a perderse el partido ese.
Entonces, el Rulo, con los monos arriba Y nosotros, tenía que estar con el ómnibus preparado, el motor en marcha, por España, estacionado. Y el Miguelito se ponía de guardia, tomando un café, justo en un boliche de ahí cerca desde donde veían la puerta de la casa del viejo Casale. Creo que a las cinco, nomás, de la matina, ya estaba el Miguelito apostado en el boliche haciéndose el boludo y junando para la casa del viejo. Te juro que ni los tupamaros hubieran hecho un operativo como ése, hermano. Fue una maravilla.
Apenas vio que salía el viejo con una canastita donde seguro se llevaba algún matambre casero, algo de eso, el pobre viejo, el Miguelito cazó una Vespa que tenía en ese entonces, dio la vuelta a la manzana y nos avisó. Cargó la moto en el ómnibus, en la parte de atrás, detrás de los últimos asientos y nos pusimos en marcha.
Ya les habíamos dicho a tres o cuatro pendejos, de esos quilomberos de la barra, que se hicieran bien los sotas, que no dijeran ni media palabra y se hicieran los que apoliyaban. Nosotros también, para que no nos reconociera el viejo, estábamos en los asientos traseros, haciéndonos los dormido, incluso con la cara tapada con algún pulover, como si nos jodiera la luz, o con algún piloto.
Te digo que el día había amanecido frío y lluvioso, como la otra fecha patria, el 25 de Mayo. Además, el quilombo había sido guardar y esconder todas las banderas, las cornetas, las bolsas con papelitos, los termos, todo eso. Uno de los muchachos llevaba una bandera de la gran puta que medía 52 metros ¡52 metros, loco! Media cuadra de bandera que decía “Empalme Graneros presente” y tuvimos que meterla debajo de un asiento para que el. viejardo no la vichara.
La cosa es que el viejo subió medio dormido y se sentó en uno de los asientos de adelante que ya habíamos dejado libre a propósito para que no viera mucho del ómnibus. Rulo le cobró boleto y todo. Y nadie se hablaba como si no nos conociéramos. Y como el ómnibus iba haciendo el recorrido normal, el viejo iba lo más piola, mirando por la ventanilla. La cuestión es que llegamos a Villa Diego y el viejo tranquilo. Cada tanto, cuando nos pasaba algún auto con banderas en el techo, tocando bocina, el viejo miraba a los que tenía cerca y movía la cabeza como diciendo “¡Mirá vos!”.
Se ve que tenía unas ganas de hablar pero nadie quería darle mucha bola para no pisarse en una de ésas. Así que nos hacíamos todos los dormidos. Parecía que habían tirado un gas adentro de ese ómnibus hermano. Como cuando se muere algún ñato ¿viste? que se queda a apoliyar en el auto con el motor prendido y lo hace cagar el monóxido de carbono, creo. Bueno, así parecía que a nosotros nos había agarrado el monóxido de carbono. Pero, cuando llegamos a Villa Diego, por ahí el viejo se levanta y le dice al Rulo “En la esquina, jefe.”. Y yo no sé qué le dijo el Rulo, algo de que ahí no se podía parar, que estaba cerrado el tráfico, que había que seguir un poco más adelante y el viejo se la comió, pero se quedó paradito al lado de la puerta. Al rato, por supuesto, de nuevo el viejo, “En la esquina”. Ahí ya el Rulo nos miró, porque se le habían acabado los versos. Y ahí, hermano... ¡vos no sabés lo que fue eso! Fue como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo y te juro que ni siquiera lo habíamos hablado. Empezaron los muchachos a desplegar las banderas, a sacar las cornetas y las banderas por la ventana, y a los gritos, hermano, “¡Soy canalla, soy canalla!” por las ventanas.
Pero no para el lado del viejo, el pobre viejo, que la cara que puso no te la puedo describir con palabras, sino para afuera, porque los grones, con lo quilomberos que son, se habían ido aguantando hasta ahí sin gritar ni armar quilombo para no deschavarse con el viejo, pero cuando llegó el momento agarraron las banderas, empezaron a sacar los brazos y golpear las chapas del costado del ómnibus y también el Rulo empezó a seguir el ritmo con la bocina.
¿Viste esas películas de cowboy, cuando los choros van a asaltar una carreta donde parece que no hay nadie, o que la maneja nada más que un par de jovatos y de golpe se abren los costados y aparecen 17.000 soldados que los cagan a tiros? ¿Que levantan la lona y estaban todos adentro haciéndose los sotas? Bueno, ese ómnibus debió ser algo así. De golpe se transformo en un quilombo, un escándalo, una de gritos, de bocinazos, cornetas, una joda. ¡Y la gente al lado de la ruta! Porque desde la madrugada ya había gente a los costados de la ruta esperando que pasaran las caravanas de hinchas. Era para llorar, eso, conmovedor, te saludaban, gritaban, levantaban los puños, por ahí algún lepra, a las perdidas, te tiraba un cascotazo... Pero vuelvo al viejo, el viejo, no sabés la caripela que puso. Porque nosotros lo estábamos mirando porque decíamos: éste es el momento crucial. Ahí el viejo o cagaba la fruta, el corazón se le hacía bosta, o salía adelante. El viejo miraba para atrás, a todos los monos que saltaban y cantaban y no lo podía creer. Se volvió a sentar y creo que hasta San Nicolás no volvió a articular palabra. Te digo que el Rábano, el hijo de la Nancy ya se había ofrecido a hacerle respiración boca a boca llegado el caso, que era algo a lo que todos, mal que mal, le habíamos esquivado el bulto porque, qué sé yo, te da un poco de asco, además con un viejo.
Pero mirá, te la hago corta. Mirá, cuando el viejo ya vio que no había arreglo, que no había posibilidad de que lo dejáramos bajar del ómnibus, se entregó, pero se entregó entregó. Porque, al principio, nosotros nos acercamos y nos reputeó, nos dijo que éramos unos irresponsables, unos asesinos, que no teníamos conciencia, que era una,verguenza, qué sé yo todo lo que nos dijo. Pero después, cuando nosotros le dijimos que él estaba perfecto, que estaba hecho un toro, que si se había bancado la sorpresa del ómnibus quería decir que ese cuore se podía bancar cualquier cosa, empezó a tranquilizarse. El Colorado llegó a decirle que todo era una maniobra nuestra para demostrarle que él estaba perfectamente sano y que incluso el médico estaba implicado en la cosa.
Mirá hermano, y creéme porque es la pura verdad ¿qué intención puedo tener en mentirte, hoy por hoy? mucho antes ya de entrar en Buenos Aires ese viejo era el más feliz de los mortales, te lo digo yo y te lo juro por la salud de mis lujos. El viejo cantaba, puteaba, chupaba mate, comía facturas, gritaba por la ventana y a la cancha se bajó envuelto en una bandera. No había, en la hinchada, un tipo más feliz que él. Vino con nosotros a la popu y se bancó toda la espera del partido, que fue más larga que la puta que lo parió y después se bancó el partido. Estaba verde, eso si, y había momentos en que parecía que vos lo pinchabas con un alfiler y reventaba como un sapo, porque yo lo relojeaba a cada momento.
  Y después del gol del Aldo, yo lo busqué, lo busqué porque fue tal el quilombo y el desparramo cuando el Aldo la mandó adentro que yo ni sé por dónde fuimos a caer entre las avalanchas y los abrazos y los desmayos y esas cosas. Pero después miré para el lado del viejo y lo vi abrazado a un grandote en musculoso casi trepado arriba del grandote, llorando. Y ahí me dije: si éste no se murió aquí, no se muere más. Es inmortal. Y después ni me acordé más del viejo, que lo que alambramos, lo que cortamos clavos, los fierros que cortamos con el upite, hermano, ni te la cuento. Eso no se puede relatar, hermano, porque rezábamos, nos dábamos vueltas, había gente que se sentaba entre todo ese quilombo porque no quería ni mirar. Porque nos cagaron a pelotazos, ya el segundo tiempo era una cosa que la tenían siempre ellos y ¿sabés qué era lo fulero, lo terrible? ¡Qué si nos empataban nos ganaban, hermano, porque ésa es la justa! ¡Nos ganaban esos hijos de puta! ¡Nos empataban, íbamos a un suplementario y ahí nos iban a hacer refocilar el orto porque estaban más enteros y se venían como un malón los guachos! ¡Qué manera de alambrar! Decí que ese día, Dios querido, yo no sé que tenía el flaco Menuttl que sacó cualquier cosa, sacó todo, vos no quieras creer lo que sacó ese día ese flaco enclenque que parecía que se rompía a pedazos en cada centro. Le sacó un cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era para ir todos en procesión y besarle el culo al flaco ése ¡qué pelota le sacó a Silva! Ahí nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito, éramos boleta en el suplementario. Me acuerdo que miro para atrás y lo veo al viejo, blanco, pálido, con los ojos desencajados, pobrecito, pero vivo. Y ahora yo te digo, te digo y me gustaría que me contesten todos esos que ahora dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese día. Me gustaría que alguno de esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vi yo al viejo
Casale cuando el referí dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de puta casualidad, lo vio al viejo Casale como lo vi yo cuando el referí dio por terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en palabras. Te digo que me, gustaría que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi yo. ¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos; “¡qué importa!” ¡Qué más quería que morir así ese hombre! ¡Esa es la manera de morir para un canalla! ¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo ésa, hermano! Yo elijo ésa.



Buena vida para todos

lunes, 8 de diciembre de 2014

The Allman Brothers Band / The Macon Legend



«Un domingo por la mañana mi hermano llamó por teléfono y dijo que había formado un grupo en el que había dos guitarras solistas. Yo pensé “vaya, qué raro es eso”. Y luego dijo: “también tenemos dos baterías”. Y yo respondí: “¡eso sí que es raro de verdad!”. También tenían un bajista. Y luego dijo: “pero cada cual está pendiente sólo de su instrumento, nadie ha compuesto música todavía y a ninguno de ellos le gusta cantar. Así que, ¿por qué no vienes y le pones arreglo a todo esto y haces llegue a alguna parte?”. Ese fue probablemente el mayor elogio que me dirigió en su vida. Yo le dije: “tío, deja que cuelgue el teléfono. Tengo que ir ya mismo”. Y salí pitando hacia Jacksonville tan rápidamente como pude. Eso fue el comienzo de Allman Brothers Band» (Gregg Allamann)


Prologo
                                            
Descubri a esta banda, lamentablemente en forma tardía. Hace de esto 25 años y ya pasados mis 30.
El descubrimiento fue accidental. Un negocio de venta de CD´s y en una vitrina pude ver 2 cajas dobles que me llamaron la atención, ya que en dicha época las cajas eran simples y con 1 sólo CD.
Una de ellas era Hooker 'n Heat, de John Lee Hooker y Canned Heat y la otra era The Allman Brothers At Fillmore east '71.
A los 15 minutos salía del local con ambas cajas y ansioso de escuchar ambas desconociendo de que se trataba.
Debo confesar que al escuchar la primera, la de Hooker,  sentí la extraña sensación de haber malgastado mi dinero, pensamiento que cambio por completo al poco tiempo, luego de escucharla varias veces y darme cuenta que fue una de mis mejores inversiones.
Lo mágico fue al escuchar la segunda caja, la de los hermanos Allman. Escuchar la primera canción de esa caja que traía la versión reducida del recital, Statesboro Blues, fue como un trueno que atraveso la habitación. Me impacto de sobre manera el sonido de la guitarra de Duanne Allman y a partir de ese momento comenzo un largo camino para hacerme de todo lo pudiera de esta banda, algo que fué prácticamente imposible ya que dichos materiales no ingresaban al país y no existía lo que hoy es Internet/buscadores, etc.

En esta entrada nos sumergiremos en la historia de esta banda de Macon, Georgia, EE.UU. desde sus comienzos hasta el larga duración Brothers & sisters, cuatro años intensos, donde se intercalan actuaciones brillantes, grandes grabaciones y 2 tragedias  que influenciarían a dicha banda en su futuro.

The Allman Brothers Band 
De izquierda a derecha = Dickey Betts, Duanne Allman, Gregg Allman, Butchs Trucks y  Berry Oakley, de cuclillas, Jai Johanny.


Duane y Gregg Allman, su hermano pequeño, crecieron en Daytona, Florida, donde tuvieron su primer contacto con la música. Gregg fue el primero en aficionarse a tocar la guitarra, aunque pronto será superado por su hermano; tanto, que éste abandonó el instituto para ensayar constantemente. El dúo formó el proyecto Escorts, que acabaría por convertirse en Allman Joys, a mediados de la década de 1960. Por aquella época, Gregg conoció a un amigo afroamericano que le introdujo a la música soul y al r&b, estilos que incorporaría al sonido de su grupo. En 1967, la banda pasó gran parte de su tiempo en St. Louis, donde la descubrió un ejecutivo musical de Los Angeles, ciudad a la que la agrupación se trasladaría tras cambiar su nombre por Hour Glass y grabar dos discos con la discográfica Liberty Records. 
Tras el fracaso de estos álbumes, Duane se marchó a Muscle Shoals, Alabama para trabajar como músico de sesión, mientras que Gregg se quedó en Hollywood vinculado con las obligaciones contractuales de Liberty. 
Los dos hermanos estuvieron separados durante un año, sin embargo, ambos coincidieron en Miami para participar en una maqueta del grupo 31st of February, cuyo batería era Butch Trucks.
En los estudios FAME de Muscle Shoals, Duane Allman llegó a ser el principal guitarrista de sesión y participó con artistas como Aretha Franklin y King Curtis. Duane sugirió a Wilson Pickett grabar una versión de «Hey Jude» de The Beatles que finalmente alcanzó la posición veintitrés del Billboard Hot 100. El guitarrista firmó con FAME un contrato de cinco año de duración y formó un nuevo proyecto musical que incluía a Johnny Sandlin y Paul Hornsby. Duane también reclutó al batería Jai Johanny «Jaimoe» Johanson, al que había escuchado en una maqueta de Jackie Avery, y pronto los dos se fueron a vivir a su casa junto al río Tennessee. 
Allman invitó al bajista Berry Oakley, a quien había conocido tiempo atrás en Jacksonville, para que se uniera al grupo. La inmediata química entre los miembros y la visión de Duane de una banda «diferente» —que incluía dos guitarristas y dos baterías—, pronto empezó a evolucionar. Mientras tanto, Phil Walden, el mánager del fallecido Otis Redding y otros artistas de r&b, estaba buscando expandirse con la búsqueda de músicos de rock. El propietario de FAME, Rick Hall, frustrado por los métodos de grabación de la agrupación, ofreció las pistas que ya había grabado y su contrato a Walden y a Jerry Wexler de Atlantic Records, quien los compró por 10 000 USD.Walden tenía la intención de convertir a la banda en la pieza central de su discográfica, Capricorn Records, subsidiaria de Atlantic.
Duane y Jaimoe se trasladaron a Jacksonville a comienzos de marzo de 1969, debido a que el primero estaba descontento de actuar como un «robot» para los estudios FAME.Una vez allí, invitaron a todo aquel que quisiera que se uniera para improvisar. El batería Butch Trucks y Oakley también se les unieron y este último trajo consigo al guitarrista Dickey Betts. 
Reese Wynans, miembro de Second Coming junto a Oakley y Betts, también ingresó en el proyecto, en el cual Allman y sus dos compañeros en Second Coming ejercían la labor de vocalista. El grupo, todavía sin nombre, empezó a realizar actuaciones gratuitas en el parque Willow Branch (Jacksonville) con una cambiante rotación de músicos.Duane notó que su hermano debería ser el vocalista y éste ingresó también como reemplazo de Wynans como teclista. Gregg se unió al grupo el 26 de marzo, cuando sus compañeros ensayaban su versión de «Trouble No More» de Muddy Waters. Cuatro días después, la banda hizo su debut en la armería de Jacksonville. Tras barajar varios nombres, como Beelzebub, el conjunto finalmente se decantó por The Allman Brothers Band.


Los integrantes de The Allman Brothers Band Duane Allman (guitarra), Gregg Allman (voz y órgano), Butch Trucks (batería), Berry Oakley (bajo) Jai Johanny «Jaimoe» Johanson (batería) y Dickey Betts (guitarra y voz) pronto formaron una fuerte hermandad, ensayaban varias horas, consumían drogas psicodélicas y pasaban gran tiempo en el cementerio Rose Hill, donde empezaron a componer sus temas. Sus primeras actuaciones fuera del Sur de Estados Unidos tuvieron lugar en Boston, el 30 y el 31 de mayo, como acto de apertura de The Velvet Underground. Debido a la necesidad de más canciones, el grupo ensayó viejas canciones de blues como «Trouble No More» y «One Way Out» y algunas improvisaciones propias, como por ejemplo «Mountain Jam». Gregg Allman que había tenido problemas en el pasado para componer, se convirtió en el principal compositor y escribió pistas como «Whipping Post» y «Black-Hearted Woman»
En agosto de 1969, la banda se dirigió a Nueva York para grabar su álbum debut con el productor de Cream Tom Dowd, quien finalmente no estuvo disponible y que fue reemplazado por Adrian Barber, ingeniero de Atlantic Records. En sólo dos semanas, el disco, titulado de manera homónima; fue grabado y mezclado, y salió a la venta en noviembre de ese mismo año a través de las discográficas Atco y Capricorn. Su recepción comercial no fue muy buena y vendió menos de 35 000 copias en las primeras semanas tras su lanzamiento, lo que llevó a posicionarse únicamente en el puesto 188 del Billboard 200.





 Publicado en 1969 por el sello Capricorn, fue el disco homónimo al grupo, con el que se presentaban ante el mundo, catapultándoles hacia el estrellato y de paso, escribieron una de las páginas más hermosas dentro del universo del rock and roll.
La juventud con la que contaban sus integrantes en aquellos lejanos sesenta, no fue impedimento para moldear este soberbio trabajo, ya que los Duane Allman a la Slide, Gregory Allman, Dick Betts, Berry Oakley, Butch Trucks y  Jai Johanny Johanson, rebosaban de una creatividad y calidad musical a la altura de solamente unos pocos elegidos, dejándonos un exuberante legado y situándose con firmeza en el olimpo del rock junto a otros mitos de este género.

Incluyendo siete pistas, abren con una monumental versión instrumental del “Don’t Want You No More” de la Spencer Davis Group, tema eterno con el que ya nos daban muestra de la antológica banda que estaba amaneciendo en el panorama del rock… increíblemente lo enlazan con “It’s Not My Cross to Bear”… apoteósico.
Continúan con ese diamante en bruto que regaló Gregg Allman, “Black Hearted Woman”, siguen con el gran clásico perteneciente al inmortal Muddy Waters: “Trouble No More”, desbordarán completamente con “Every Hungry Woman”, llegará al corazón la sutileza de “Dreams”, para finalizar con un especial e imperecedero “Whipping Post”, cinco minutos de duración muy importantes y que posteriormente se podrían disfrutar todavía más, ya que en 1971, se convierten en infinitos veintitrés minutos, dentro de su estelar directo The Allman Brothers Band – At Fillmore East”.

De su 1er álbum he seleccionado para Uds. 2 temas.
Trouble No More
Whipping Post.
Disfrutenlos!!!!
La extrema delicadeza,  sentimentalismo y mensajes positivos de su música resultaban engañosos si a partir de ello se pretendía juzgar al carácter de sus autores: no estamos hablando de individuos sofisticados surgidos en la escena “arty” neoyorquina como los miembros de la Velvet Underground: quien se metía en líos con los Allman Brothers Band, podía acabar teniendo un verdadero problema. Algunos de los músicos del grupo —y de su entorno más inmediato— daban bastante que hablar a causa de su conducta problemática y violenta. 
El guitarrista Dickey Betts, por ejemplo, es responsable de muchas de las melodías más bellas y delicadas del grupo, pero el modo de conducirse en su vida personal no se parecía demasiado al de un artista frágil y sensible, salvo que como “artista frágil y sensible” tomemos como ejemplo al cafre de Caravaggio. Dickey Betts pudo meterse en problemas varias veces debido a su afición a acostarse con chicas (bastante) menores de edad, en ocasiones incluso aceptando la invitación de colarse en sus casas mientras los padres dormían: más de una vez tuvo que salir huyendo cuando las familias —o directamente la policía— le pillaban in fraganti. Además, Betts solía ir armado, lo que le hacía un individuo poco recomendable cuando se provocaba una pelea. Una de sus anécdotas más célebres —y que dice bastante sobre el primitivismo de su personalidad— es la que cuenta cómo cuando viajaba en su moto a través del país, de repente le entró hambre: en vez de buscar un bar de carretera, pedirse una hamburguesa y sentarse a comer como un ser civilizado, detuvo la moto junto a unos pastos, saltó la valla, le pegó un tiro a una vaca y empezó a cortar unos trozos de carne para prepararse un suculento almuerzo. Fue detenido por un atónito policía que a duras penas podía creer lo que estaba viendo, y gracias al cual conocemos el incidente. Betts también solía emborracharse —siempre ha sido un alcohólico empedernido— y entretenerse pegándole una paliza a quien se cruzase en su camino. En una ocasión le vieron machacando a golpes a no de sus mejores amigos y cuando se lo reprochaban preguntándole qué pretendía con aquella actitud violenta, el bueno de Dickey solía responder “sólo me estoy divirtiendo un poco”. En alguna ocasión incluso llegó a destrozar el estudio de grabación sin motivo aparente, suponemos que también por pura diversión. Aquel salvaje era el hombre que después componía e interpretaba con suma exquisitez aquellas melodías etéreas propias de sus canciones; misterios de la condición humana.
¿Quiénes son Elizabeth Reed o la pequeña Martha? The Allman Brothers Band les dedicaron sendas canciones: Duane Allman tocó una tranquila perla acústica llamada Little Martha y Dickey Betts, escribió un instrumental con aires jazzy llamado In memory of Elizabeth Reed. ¿Eran sus novias, sus amantes, o alguna groupie como aquellas a las que los Beatles dedicaban canciones? En realidad, esos dos nombres son célebres únicamente por el lugar donde sus propietarias estaban enterradas. En sus inicios, ABB solían ensayar en un cementerio y, en ocasiones, obtenían su inspiración contemplando los nombres y fotografías de las lápidas. Betts se había fijado en una tal Elizabeth Reed cuya tumba solían tener delante y Duane había compuesto una exquisita y breve pieza acústica en honor de una niña que había fallecido a principios de siglo, a la que su familia había dedicado una bonita escultura de mármol blanco. Una poética y romántica manera de pedirle inspiración a las musas. ¿Cómo era aquella música nacida en un cementerio? La música de ABB participaba de ese romanticismo casi decimonónico de las lápidas de mármol: junto a los desarrollos instrumentales con toques de jazz o psicodelia, los Allman Brothers solían interpretar blues dramáticos y baladas melancólicas, aunque también —como contrapartida— animosas canciones de blues-rock elaborado pero preciso que sentaba las bases de la inminente explosión del llamado “rock sureño”, una combinación de las raíces blancas y negras presentes en el sur de los Estados Unidos. La música del grupo solía ser muy emocional: Gregg Allman, que cantaba en casi todos los temas —aunque no en todos— se lucía especialmente en aquellas canciones más cargadas de aires tristes y trágicos, donde pese a su juventud imponía una voz profunda y desgarrada. Por su parte, los dos guitarristas, Duane y Dickey, introdujeron una novedad en el formato de grupo de rock: ambos ejercían como solistas, ambos tenían espacio para perderse en largas improvisaciones pero también ideaban muchos arreglos a dúo, algo inédito por aquellos años. Otra característica peculiar era la presencia de dos baterías, que creaban un trepidante tren rítmico como base para los desvaríos instrumentales de sus compañeros. De hecho, y ahondando en la heterogeindad del grupo, uno de sus miembros, el batería Jaimoe Johanson, era de raza negra. Lo cual rompía con los estereotipos que giraron en torno a otras bandas sureñas —como los Lynyrd Skynyrd, habitualmente tachados de racistas desde la publicación de Sweet Home Alabama— y mostraba que, como en The Jimi Hendrix Experience o Sly & the Family Stone, en Allman Brothers Band lo importante era la música y no el color de la piel. Tener un grupo multirracial hoy pude parecer una tontería, pero que a final de los sesenta era toda una declaración de principios.
1970 -  Idlewild South



Los ejecutivos de Atlantic sugirieron a Walden que trasladara a la banda a Nueva York o a Los Angeles para «aclimatarla» a la industria musical, sin embargo, los músicos optaron por quedarse en el Sur y alquilar una casa de campo a las afueras de Macon a la que llamaron «Idlewild South» y en la que pactaron ser «uno para todos y todos para uno». No obstante, en marzo de 1970, el grupo se mudó a una casa victoriana alquilada por la mujer de Oakley y apodada «The Big House».

The Allman Brothers Band realizó más de 300 conciertos a lo largo de 1970 y en la que utilizó como medio de transporte una furgoneta Ford Econoline y una autocaravana. La convivencia en la carretera llevó a sus integrantes a consumir grandes cantidades de droga, además a excepción de los dos hermanos, el resto tenía dificultades para ganarse la vida.  Por otra parte, la formación se encontró con otros problemas: El pipa Twiggs Lyndon apuñaló mortalmente a un promotor por no pagar el dinero acordado a la banda y Duane Allman sufrió una sobredosis de opio tras una actuación.  El sexteto grabó entre febrero y julio, y en distintas ciudades (Miami, Macon y Nueva York), su segundo álbum de estudio; que salió a la venta en septiembre con el título Idlewild South. El disco tuvo mejores ventas que su antecesor y llegó al puesto treinta y ocho del Billboard 200
 Tracklist
1. Revival
2. Don´t Keep Me Wonderin´
3. Midnight Rider.
4. In Memory Of Elizabeth Reed.
5. Hoochie Coochie Man.
6. Please Call me.
7. Leave My Blues At Home.

In Memory Of Elizabeth Reed.



Leave My Blues At Home

El segundo álbum de los Allman Brothers Band es sin duda una pequeña obra maestra. Una fabulosa combinación de rock, soul, country, blues, góspel y jazz fundamental a la hora de definir ese southern blues rock cuya bandera han enarbolado como nadie. Esa mezcla adquiere en Idlewild South su verdadero formato, y termina por cimentar el verdadero sonido de The Allman Brothers Band.
Idlewild South muestra algo más de estilo sureño que The Allman Brothers Band, y consigue probar mediante esas nuevas texturas que la banda de Gregg y Duane Allman era algo más que técnica y habilidad. El segundo esfuerzo de los Allman Brothers Band es más meritorio aún al tener en cuenta que en la fecha de su grabación la banda era muy joven, a pesar de lo cual muestra el momento en el que estaban adquiriendo una madurez y una confianza que se fraguó perfeccionando los temas en la carretera y grabándolos en el estudio como una auténtica banda al completo.

Idlewild South es también una muestra ejemplar de lo que la formación original de los Allman Brothers podía llegar a hacer. Un banquete de ritmos frescos y controlados sacudido por imposibles duelos de guitarras y de baterías que da como resultado un sonido denso y poderoso.

La rasposa voz de tugurio de Gregg Allman llena de alma el disco, al tiempo que su fantástico órgano Hammond proporciona unas texturas y una atmósfera plagados de sentimiento. Las guitarras de Dickey Betts y Duane Allman son por supuesto parte fundamental del álbum. Talento, técnica y virtuosismo puestos al servicio de la banda. Guitarras gemelas o weavin que imposibilitan apenas intuir quién es quién en cada corte del disco, salvo cuando Duane se hace cargo de una inmensa slide guitar.

Las baterías de aroma jazzy de Butch Trucks y Jai Johnny “Jaimoe” Johanson son otro de los sorprendentes añadidos de Idlewild South y permiten al resto de integrantes de la banda unos matices de improvisación incapaces de perder un ritmo perfectamente secundado por el bajo de Berry Oakley, también estelar y encajado entre las dos baterías como una pieza de orfebrería.

  The Allman brothers Band  At Fillmore east '71
Cuando Gregg fue citado por el ejército para el reclutamiento para ser enviado a Vietnan, su hermano Duane inventó un concepto nuevo de fiesta: la “foot shootin’ party”, que consistía básicamente en organizar una juerga, beber y tomar drogas hasta perder la noción… y después hacer que Gregg se pintase una blanco  en el zapato y se pegase un tiro en el pie. Un método bastante peculiar de quedar dispensado del servicio militar, aunque es innegable que funcionó. Bastantes más graves fueron algunos incidentes protagonizados no ya por el grupo sino por sus “roadies” y su personal de gira. En una ocasión el grupo llegó quince minutos tarde a un concierto y el dueño del local lo consideró motivo suficiente para no tener que pagarles. El tour manager Twiggs Lyndon no se tomó el asunto demasiado bien y tras una acalorada discusión con el dueño del local apuñaló al tipo tres veces, causándole la muerte. Twiggs fue detenido, acusado de asesinato y encarcelado: los miembros del grupo, lejos de condenar su acción, incluyeron una dedicatoria (“For Twiggs”) en el siguiente disco. Los Allman Brothers Band era una banda de forajidos y se comportaban como tal: la lealtad era más importante que la vida de algún insignificante promotor que había querido estafarles. Aunque después Duane Allman lanzase mensajes hippies de amor y paz en las entrevistas, eran cowboys sureños y eso podía más que cualquier otra cosa.

La propia banda propuso una idea para la portada en vez de dejar esta tarea en manos de la discográfica Atlantic Records (Duane Allman estaba particularmente disgustado con la elección del arte del álbum Hold On, I´m comin de Sam Dave). Inicialmente, la portada iba a ser una fotografía del sexteto delante de Fillmore East con el nombre del grupo en la marquesina, pero nadie quedó satisfecho con los resultados. El principal objetivo del grupo era mostrar su ética como banda y su rendimiento y alguien sugirió que se tomara una foto con su equipo en un callejón antes de salir a escena.

La imagen fue tomada por el fotógrafo Jim Marshall una mañana en Macon, Georgia.

El grupo no estaba muy contento de levantarse temprano para la sesión fotográfica, algo que por lo general odiaban realizar. Sin embargo, Duanne recibió una bolsa de contrabando de un amigo y la escondió entre sus manos, algo que provocó la risa de los demás componentes y que quedó inmortalizado en el resultado final
 «Yo hablaba siempre de Duane Allman porque le había oído tocar la guitarra en la versión de Hey Jude que hizo Wilson Pickett y empecé a preguntarle a todo el mundo quién era ese tipo. Así que Tom Doud me llevó a mí y al resto de los Dominos a ver un concierto de los Allman Brothers, y nos presentó a Duane. Le dije “vamos a pasar el rato, vente al estudio con nosotros”. Vino y empezamos a improvisar. Le entretuve allí, no hacía más que pensar en maneras de hacer que se quedase en el estudio. Grabamos un par de canciones a la primera o segunda toma y seguí pensando rápidamente en otras canciones para retenerle allí. Sabía que tarde o temprano se iba a volver con los Allmans, ¡pero quería robárselo! Lo intenté, y de hecho vino a algunos conciertos, pero después tuvo que decirnos, casi como haría una mujer: “bueno, ya sabes, estoy casado con los Allman Brothers y no puedo quedarme contigo”. ¡Realmente me rompìó el corazón!» (Eric Clapton)
Fue así como Duane Allman participó en la grabación de Layla and other assorted love songs, el célebre primer disco de Derek and the Dominos y probablemenye lo mejor que Clapton ha hecho jamás junto a sus tiempos en Cream. En un principio, la colaboración de Duane iba a limitarse a un par de temas, pero terminó repartiéndose las guitarras con Clapton en todo el disco. La presencia de Duane y su fabuloso talento como guitarrista obligó a Clapton y los suyos a forzarse para obtener lo mejor de sí mismos:
«Duane Allman inspiró a nuestro grupo para explorar el formato de extensas improvisaciones que ya era la marca de la casa de los conciertos de Allman Brothers. Es más, su feroz manera de tocar la guitarra “slide” forzó a Clapton a ofrecer varias de las mejores interpretaciones de guitarra de su carrera» (Bobby Whitlock, pianista de Derek & the Dominoes)

Raras veces en la historia del Rock un artista ha logrado la consagración comercial y musical con un disco en vivo y esta fue una de las pocas y más gloriosas excepciones. Los 2 primeros albumes de Allman Brothers fueron una excelente muestra de su talento y calidad, pero los Allman eran una banda nacida para los escenarios y estaban convencidos que sus recitales eran la mejor tarjeta de presentación para conquistar al público Norteamericano. Por esa razón el tercer disco de Allman Brothers fue un album en vivo, su mejor disco y uno de los 4 o 5 mejores directos de la historia. Grabado en el célebre Fillmore East de Nueva York los días 12-13 de Marzo de 1971, At Fillmore East es testimonio del ilimitado potencial de ABB en su ambiente natural. Allman Brothers eran en esencia una banda de Blues y su origen sureño añadía al cocktail elementos Folk y Country, pero además ellos eran grandes fanáticos del Jazz (admiraban a Miles Davis y John Coltrane especialmente) y en virtud de ello desarrollaron un profundo sentido por la improvisación haciendo de sus interpretaciones un completo tour-de-force instrumental, pero a diferencia de bandas como por ejemplo Cream, las jams de los Allman no eran ejercicios gratuitos de virtuosismo o exhibicionismo. Obviamente los solistas tenían sus momentos de brillo (sobre todo Duane y Dickey) pero siempre dentro de un espíritu colectivo, el aporte de cada músico era indispensable para crear esa atmósfera mágica que no sólo deslumbraba al público sino que lo integraba a ella manteníendolos pendientes del más mínimo detalle, no en vano ABB son una de las pocas bandas (y no sólo del Rock) que pueden darse el lujo de improvisar durante 40 minutos seguidos sin espacio para el tedio o el aburrimiento. Nuevamente fue Tom Dowd el productor realizando un estupendo trabajo; no la tuvo fácil pues se trataba de sintetizar en 2 LPs el repertorio de una banda cuyos recitales no bajaban de las 2 horas y media con jams de hasta 35 minutos, y si bien tuvo que editar (recortar) algunas piezas el resultado no minimiza la magia, fuerza e inventiva de los Allman. Estos atributos se ponen de manifiesto en el mismo tema de apertura, una versión de 'Statesboro Blues' de Blind Willie McTell donde Duane exhibe su impresionante estilo a la silde; ningún guitarrista en la historia del Blues y el Rock ha tocado la slide con tanta versatilidad y musicalidad, ni siquiera sus más venerados maestros negros... aunque Dickey tampoco se queda atrás con su solo potente y soulful a la vez. El prodigio se repite en una nueva cover, esta vez 'Done Somebody Wrong' de Elmore James con estupendos solos del invitado Thom Deucette (armónica), Dickey y Duane. La magnífica versión de 'Stormy Monday' de T-Bone Walker rezuma otra clase de intensidad, un mágico momento de calma y melancolía en el que toda la banda brilla por igual: la estupenda vocalización de Greg, el largo break instrumental con solos de Dickey, Greg (sobre un cambio de ritmo Jazzístico), Duane y Thom Deucette (su intervención había sido editada del album original pero recuperada para la ocasión). Todo el buen hacer de los Allman está plasmado en la siguiente pieza, una jam de casi 20 minutos construida alrededor de 'You Don´t Love Me', compuesta por Willie Cobbs, popularizada por el guitarrista de Blues Junior Wells y posteriormente versionada por medio mundo; otra vez Allman Brothers la extienden con estupendos solos de guitarra, órgano, armónica y cambios de ritmo junto al impecable soporte de Berry Oakley, Jaimoe y Butch Trucks. 'Hot ´Lanta' es una corta jam que se desarrolla a un ritmo trepidante dando tregua sólo en los segundos finales.
El broche de oro lo ponen los dos temas más populares y esperados de este y todos sus recitales: 'In Memory Of Elizabeth Reed' y 'Whippin´ Post'. La primera es muy similar a la original de Idlewild South pero a partir del cambio de ritmo a la mitad la tensión se dispara con abrasivos intercambios instrumentales que alcanzan cotas de máxima excelencia, en especial Duane quien finaliza su solo con un pull-off (técnica que consiste en pasar de un nota alta a otra baja tirando de la cuerda con el dedo en lugar de pulsarla logrando un efecto percusivo) que te hace preguntarte cómo es posible que exista un ser humano capaz de tocar así. 'Whippin´ Post' arranca con la célebre intro a cargo de Berry Oakley y poco a poco se desprende de su desarrollo original para sumergirse en un viaje sonoro de casi 23 minutos donde los músicos llevan sus capacidades hasta el límite tanto en lo individual como en lo colectivo. Una mención especial merece para mí la labor de Butch Trucks y Jaimoe: el primero toca con gran soltura en un estilo más convencional mientras el segundo lo complementa con un respaldo sutil casi Jazzístico logrando confluir ambos un tapete percusivo multicolor y tan perfectamente sincronizado que parece sobrenatural. El album se lanzó en Julio de 1971 llegando al N° 13 de Billboard. Con los años At Fillmore East ha adquirido un estatus de leyenda tan grande como el de la propia banda y se convirtió en el libro de texto para todas las jam-bands surgidas desde entonces, su importancia es tal que en 2004 fue seleccionado para su inclusión en el registro nacional de grabaciones de la librería del Congreso de los Estados Unidos.

Whipping Post 

You Don't Love Me

Statesboro Blues
Por aquellos momentos, el grupo comenzó a disfrutar de fama y fortuna, y algunos de sus integrantes y de su equipo continuaban su lucha contra su adicción a las drogas. En octubre de 1971, a 8 meses de los shos de Fillmore East cuatro personas —Berry Oakley, Duane Allman y los pipas Robert Payne y Joseph «Red Dog» Campbell— ingresaron en el hospital Linwood-Bryant para su rehabilitación.
El día 29 de ese mismo mes, Duane, con apenas 24 años moría en un accidente con su moto.

Duane había acudido a la mansión de la banda para felicitar a la mujer de Berry Oakley por su cumpleaños. Después una pequeña comitiva partía hacia la casa de Duane para recoger el pastel de cumpleaños y unos regalos. El rubio Duane, entusiasta de las motos desde muy joven, se montó en su Harley Davidson. La hermana de Berry se montó en un coche junto con la novia de Duane, Dixie. El propio Berry les seguía en otro coche. Eran alrededor de las cinco y media de la tarde. Duane encabezaba la marcha, y tras girar en Hillcrest Avenue, el coche con las chicas le siguió, pero Berry se despistó y tuvo que hacer un recorrido más largo para llegar a casa del guitarrista. Mientras, montado en su chopper, Duane se saltaba el límite de velocidad y comenzaba a dejar el coche de las chicas atrás. Cuando la calle comenzó a ponerse cuesta abajo, Duane pisó el acelerador. Al acercarse a la intersección de Bartlett Avenue un camión se dirigía hacia Duane. El camión tenía detrás una típica grúa amarilla que se usaba para descargar madera. No parece estar del todo claro si Duane vio a tiempo el camión o no. Lo cierto es que el vehículo comenzó a girar hacia la izquierda, y el guitarrista comenzó a llevar su moto hacia el otro lado para rodear al camión. Según alguna versión, el camión se paró por algún motivo, bloqueando el camino. Por la razón que fuera, Duane no pudo esquivarlo y su moto chocó y saltó por los aires. El guitarrista perdió su casco y aterrizó debajo de su moto, que se deslizó varios metros a lo largo de la carretera. Aunque maltrecho, aparentemente había salido con vida del accidente, pero varios derrames internos probaron ser fatales. Duane Allman muere en el hospital pocas horas después.

«Duane Allman tocaba su guitarra de la misma forma en que montaba su moto o conducía su coche: era un temerario, totalmente en plan “Dios está de mi lado”. Estaba lleno de energía. Era una fuerza de la naturaleza. Su determinación y concentración, así como su intensa confianza en sí mismo y en nuestro grupo, eran increíbles. Él sabía que íbamos a triunfar. Todos pensábamos que éramos una buena banda, pero nadie más tenía esa total confianza que él sí tenía. Y eso era algo grande, porque su confianza y entusiasmo eran contagiosos. Dice mucho de él que su ídolo fuese Muhammad Ali. El tipo de confianza suprema que Muhammad Alí mostraba, eso es de donde Duane provenía» (Dickey Betts)

La muerte de Duane estuvo a punto de provocar la disolución del grupo. Había sido la personalidad arrolladora del guitarrista lo que había sacado adelante a los Allman Brothers Band, él había tirado siempre del carro y él era la principal estrella. Los demás no sabían cómo seguir sin él. Especialmente Gregg Alllman, quien se hundió instantáneamente y entró en una espiral de depresión, alcohol y drogas que duraría muchos años. Gregg y Duane habían crecido sin padre, por lo que Duane —el hermano mayor— había desarrollado un carácter duro y resistente, convirtiéndose en una figura paterna para Gregg. Nunca se habían separado: la única vez en que habían estado alejados el uno del otro —durante sólo unos meses— fue precisamente el periodo en que Duane estaba formando el embrión del grupo y llamó por teléfono a su hermano para pedirle que se uniera. La muerte de Duane dejó a Gregg sin rumbo; aún podía tocar y cantar, pero estaba emocionalmente incapacitado para liderar a la banda.

También muy afectado estaba el bajista Berry Oackley, el mejor amigo de Duane, pero no quiso que el grupo, al que consideraba el legado personal de su amigo, desapareciera. Tomó las riendas como antes había hecho Duane y evitó que los miembros de ABB se disgregaran. Aún no sabían cómo cubrir el hueco musical y humano que había dejado el guitarrista, pero hicieron tiempo publicando un nuevo disco —Eat a Peach— que recopilaba, además de alguna que otra canción nueva, las últimas grabaciones en estudio y en directo en que había participado Duane. Eat a Peach  contenía música con la calidad habitual del grupo y se convirtió en un disco de éxito. Las canciones del LP, como siempre, iban desde las tranquilas piezas acústicas hasta una monumental improvisación en vivo llamada Mountain jam, comandada por las guitarras de Duane y Betts, que pese a su increíble duración (¡media hora!) no resultaba ni aburrida, ni repetitiva, ni bajaba nunca el nivel de intensidad. Un magnífico testamento de la era Duane Allman.

Pero el nuevo liderazgo de Berry Oackley no duró mucho: apenas un año después de la muerte de Duane y a apenas doscientos metros de donde Duane había muerto, Berry también se estrelló con su Harley Davidson contra un autobús. Tras el accidente, Oakley, sin heridas exteriores aparentes, rehusó cualquier ayuda médica mostrando la dureza sureña tan típica de los Allman Brothers. Se puso en pie, se sacudió el polvo y se alejó del lugar por sus propios medios. Sin embargo el choque había tenido graves consecuencias: Oackley se había fracturado el cráneo y un par de horas después comenzó a sufrir malestar y un considerable dolor. Le llevaron a un hospital a toda prisa pero no había nada que hacer: murió al poco de llegar a causa de un derrame cerebral. Berry Oackley fallecía de la misma manera que su amigo Duane, casi en el mismo lugar y casi por las mismas fechas.
Naturalmente, las coincidencias entre ambas muertes originaron toda clase de leyendas urbanas, empezando por la idea de que Oackley se había suicidado imitando la muerte de Duane y terminando por conspiranoias absurdas que incluían maldiciones y similares, aunque lo cierto es que sí se trató de una casualidad. Su tumba fue ubicada justo al lado de la de Duane: ambas tumbas son idénticas, algo especialmente simbólico para aquel grupo que había nacido y crecido ensayando en un cementerio.

The Allman Brothers Band - 1972 - Eat A Peach

Corría el año 1972 cuando se editó lo que es para muchos uno de los más brillantes álbumes de rock sureño de todos los tiempos, auténtica esencia de este estilo musical que tan en boga estuvo durante la primera mitad de la década de los años setenta y que había encontrado en esta banda uno de sus mayores embajadores.
El disco supuso el cuarto trabajo de la banda y logró llegar al número 4 en las listas norteamericanas, suponiendo en aquel entonces su mayor éxito comercial, siendo el paso decisivo para alcanzar la cima de su éxito llegando al número #1 con el siguiente trabajo (Brothers & Sisters).
Este álbum también supuso el fin de la primera era de la banda, al ser el último en contar con el malogrado Duane Allman, fallecido en un accidente con su moto. Un año más tarde Berry Oakley perdería la vida también en un accidente de moto, llegando a grabar solo dos canciones del ya citado Brothers & Sisters.
Duane por su parte llegó a participar en seis de los nueve cortes de Eat a Peach. Una de las grandes singularidades de este álbum que tiene que ver directamente con su muerte, es la re-grabación de “Melissa”, una canción de la primera época, escrita por Gregg Allman en 1967 y grabada en 1968 para un álbum que no se llegó a editar (años más tarde apareció editada en el álbum Duane & Gregg Allman. Siendo una de las composiciones de Gregg favoritas de su hermano Duane, se volvió a grabar tras la muerte de éste y se incluyó en el álbum.
El álbum lo abre otra composición de Gregg Allman, “Ain't Wastin' Time No More”,
 
Grabada tras la muerte de Duane y que junto al instrumental “Les Brers in A Minor” de Dickey Betts sirvieron para afianzar a la banda y afrontar la ausencia del reputado guitarrista. Memorable también el cuarto corte del álbum, una Jam en directo desde el Filmore East de Nueva York, basada en el canción “There is a Mountain” del cantautor escocés Donovan, que hace las delicias de los amantes de las jam sessions en su más de media hora de duración. También grabadas en directo se encuentran los clásicos de blues “One Way Out” de Sonny Boy Williamson II & Elmore James y “Trouble No More” de Muddy Waters. 
Una composición a cargo de Gregg y el bajista Berry Oakley, "Stand Back" ocupa el séptimo corte del disco, grabada en estudio, con una destacadísima labor rítmica, muestra perfecta del característico sonido de la banda. 
El penúltimo tema corre a cargo de Dickey Betts con “Blue Sky.
Una balada de corte country rock grabada en estudio, en la que la guitarra solista se alterna entre Duane y el propio Dickey, quién por primera vez se hace también cargo de la voz. 
El álbum queda completado con la acústica y preciosa instrumental “Little Martha”, compuesta por Duane en lo que supuso su única canción compuesta exclusivamente por él en la banda, que fue grabada por él mismo y Dickey Betts, ambos con guitarras acústicas, sin más arreglos. Un perfecto final para el disco y una emotiva despedida a uno de los mejores guitarristas.

Originalmente la canción fue grabada con 2 guitarras acústicas ejecutadas por Duane Allman y Dickey Betts; Berry Oakley le añadió el bajo que luego seria eliminado quedando la canción con solo 2 guitarras acústicas. "Little Martha" con una sencilla melodía y un rítmico contrapunto, rápidamente se convirtió en uno de los temas favoritos entre los fans.
El virtuoso de la guitarra acústica Leo Kottke, dijo de ella que era: "La mas perfecta canción para guitarra jamas escrita"

Según cuenta la historia Duane Allman tuvo un sueño donde Jimi Hendrix le mostró la melodía de la canción en el baño de un motel, utilizando un desatascador como guitarra. En 1971 recordó la melodía en el estudio y la grabo.
El nombre de la canción viene de la tumba de Martha Ellis, una niña de 12 años enterrada en el cementerio Rose Hill, en Macon, Georgia. Allí ensayaban los Allmans Brothers Band en los inicios del grupo, y mas de una canción lleva como titulo el nombre de alguna lapida de ese cementerio, "In memory of Elizabeth Reed" "Jessica" "Little Martha", donde reposan Duanne y Berry.


The Allman brothers Band - 1973 - Brothers & sisters
La muerte de Oackley terminó de hundir al grupo en un pozo de desesperación, pero esta vez fue Dickey Betts quien se decidió a agarrar el timón para que el barco siguiese adelante. Ficharon a un nuevo bajista y ante la dificultad para encontrar a un guitarrista que pudiera tocar de forma convincente las partes de Duane, optaron por seguir con betts como único guitarra e incluir en el grupo a un pianista: el gran Chuck Leavell. La entrada de Leavell fue un acierto considerable: su piano se integró como por arte de magia en el sonido del grupo, y para colmo Dickey Betts atravesaba un momento muy dulce como compositor. El resultado de todo ello fue Brothers and Sisters
 
El primer disco de Allman Brothers Band sin Duane Allman —y el único disco del grupo con un único guitarra— escrito y grabado en medio de un carrusel de desgracias pero que, paradójicamente, se convirtió en uno de los grandes discos del grupo, tan bueno como cualquiera de los anteriores y para algunos incluso mejor. No son pocos quienes consideran Brothers and Sisters la obra cumbre del grupo, pese a la ausencia de Duane Allman. El éxito comercial fue considerable, gracias a dos canciones escritas por Dickey Betts: Ramblin’ Man, un  himno cowboy cantado por él mismo en donde se lucía con extraordinarios arreglos de guitarra, y Jessica, un tema instrumental que fue un gran éxito pese a su longitud —unos ocho minutos— gracias a las prístinas melodías salidas de la guitarra de Betts y el excepcional trabajo de Chuck Leavell al piano. Pero en el disco también había sitio para algunas de las canciones donde la característica intensidad del grupo asomaba entre los surcos pese a no tratarse de un directo, como en la extraordinaria Jelly Jelly, simple y llanamente uno de los mejores blues que se hayan grabado, cuya parte final incluía otra exhibición de sensibilidad guitarrística de Betts.
 Wasted Words
Come And Go Blues


Jessica
El triunfo musical, sin embargo, no podía detener el proceso de descomposición interna del grupo. El éxito y el dinero no sirvieron para mejorar los ánimos o para rescatar a Gregg Alllman de su caída libre personal, ni para paliar el creciente desinterés de varios de los otros miembros de ABB. 
Se produjo una lucha interna entre Dickey Betts y Chuck Leavell, porque cada uno quería llevar al grupo hacia una dirección determinada: pese a los intentos de Gregg Allman por mediar en el conflicto, el resultado fue que ambos músicos empezaron a volcarse más en sus respectivas carreras en solitario. 
El grupo grabó otro LP llamado Win, lose or draw que, sin sonar mal, no tenía ni la pasión ni la intensidad de los anteriores. Era notoriamente inferior al monumental Brothers and sisters, y la crítica lo recibió muy mal, considerándolo pasado de moda en plena era de la música disco y el punk. Allman Brothers Band terminó disolviéndose en medio de la indiferencia general, pero eso es parte de otra historia.
Buena vida para todos