lunes, 10 de noviembre de 2014

Taki Unquy - V siglos igual

 Cuenta la leyenda...
Cierta vez, en una isla del lago Titicaca, apareció una pareja divina hijos del Sol, a quienes éste les confió la misión de enseñar a los hombres  principios de civilización,  verdad y justicia.
Para ello les entregó una vara de oro, mandándoles que se estableciesen allí donde la vara desapareciera al hundirla en el suelo.
 Partieron pues Manco Capac y Mama Ocllo en busca de su tierra  prometida, golpeando el suelo cada día con la vara mágica. Se detuvieron un poco Pacaritampu y al fin llegaron junto a la colina de Huanacuari, donde en el primer golpe en el suelo la vara de oro desapareció.
Entonces la divina pareja se estableció allí ; enseñaron a las gentes del lugar a cultivar la tierra, a tejer la fibra y a construir casas ;  las leyes, la guerra y el culto del Sol.
Fundaron, en fin, la ciudad de Cuzco, en cuyo dominio sobre los pueblos vecinos se cimentó el imperio de los incas.

Taki Ongoy
PROLOGO:

Quienes suponen que la historia puede ser contada desde una sola posición, desde un solo punto de vista, se equivocan, por eso no pretendo que esta que presento aquí sea la única versión. 
No lo es, está es la de los vencidos, o por lo menos la de los que aparentemente han sido derrotados, el reverso de la moneda que hasta hoy nos han mostrado los supuestos vencedores; pues habría que preguntarse hasta que punto ha sido vencida una cultura que subyace en nuestra memoria colectiva y pugna tozudamente por perdurar a través de los siglos y lo consigue con la permanencia de sus ritos y creencias ancestrales, con la permanente vigilia de quienes son descendientes directos de los que alguna vez fueron dueños de estos territorios y del continente entero, con la inevitable emoción que nos embarga cuando el sonido de una quena, un erke, un sikus golpea nuestro corazón y nos remite involuntariamente a una zona que nuestra memoria reconoce, dolorida y melancólica, como si ese sonido perteneciera a un bello pasaje de nuestra vida anterior.

Y así debe ser: quizá algunos de nosotros haya sido parte de ese sonido que aleteo en el aire claro de las cumbres andinas cientos de años atrás y también porque no, de aquel español taciturno, valiente y ambicioso que se aventuró hasta estos confines a pesar de sus temores, movido por su sed de riqueza y conquista.

Estamos hechos, pues, de los dos barros: del indio y del español. Lo que deberíamos averiguar de una vez por todas a esta altura, es quienes somos: ¿ los conquistadores o los conquistados? Si estamos en este continente de paso o si formamos parte de él, en definitiva si esta es nuestra casa. Si así fuera, no cabe duda de que nuestra posición es la de los vencidos, ya que hechos como los que aquí narro se han sucedido a lo largo de toda nuestra historia en una interminable repetición de horrores y calamidades sociales, económicas y políticas, que nos hermana inevitablemente con los primeros pobladores de este continente, avasallados desde la conquista.

No trato de ofender a nadie con esta obra: solamente respondo a interrogantes que mi conciencia plantea respecto de mi posición frente al actual estado de las comunidades indias de América.
Quiero saber hasta donde mi sangre puede asumir el compromiso que tengo con mi tierra y mis hermanos frente al dolor de los que, con nuestra ignorancia , inocente en algunos casos , hemos discriminado como si fueran ellos los culpables de su propia desgracia, cuando en realidad son la llama viva de nuestra conciencia, lo poco que queda de nuestra antigua dignidad, de nuestra bella cultura.
No intento hacer aquí anti-hispanismo: únicamente contribuir a conformar un todo agregando la parte que faltaba.

Una abuela india y un abuelo español transitan por mi sangre. Para que naveguen felices quiero darles un curso firme, apoyado en el respeto y el amor por mi propia cultura, tratando de entender por qué festejó todavía fechas que representan la muerte y el aniquilamiento de bellísimas expresiones artísticas que son parte del patrimonio cultural universal, y de sus creadores que fueron justamente mis antepasados.

América vive y yo soy parte de este cuerpo que se niega a festejar cuando en realidad quiere llorar.

Deseo ese respeto. Necesito la autocrítica porque nuestro futuro se erigirá con hombres conocedores de la verdad y fieles a ella.
Si no comprendemos que ya somos libres jamás alcanzaremos la verdadera independencia.

Victor Heredia
 Taki Unquy (quechua: 'enfermedad del baile', pronunciado: [ˈtɐkɪ ˈo̝ɴqoj]~[ˈtɐkɪ ˈo̝ɴʁoj]), también escrito como Taqui Ongoy, Taqui Onccoy y otras formas más, fue un movimiento indígena de compleja configuración surgido en los andes peruanos durante el siglo XVI ( c. 1564– c. 1572) contra la reciente invasión española.
Definición
La creencia de que las huacas, enojadas por la expansión del cristianismo, se posesionaban de los indígenas y les hacían tocar música, bailar y anunciar la voluntad divina de restaurar la cultura, la población bautizada. Un ritual como este derrotaba al dios europeo y anulaba el bautismo para ellos.

Objetivo
Derrotar al Dios Europeo, recuperar a los indígenas bautizados y expulsar a los españoles.

Inicición
Surgió aproximadamente en 1560 en Huamanga, Ayacucho, Perú, desde donde se propagó a Lima, Cusco, Arequipa, Chuquisaca y La Paz. Se trató en un principio de lo que se ha llamado "la rebelión de las Huacas", es decir como un movimiento religioso que propugnaba el rechazo del Dios occidental y cristiano impuesto de manera violenta y coercitiva a la población indígena andina como consecuencia de la conquista española del Perú. De este modo, se incitaba al regreso al culto de las huacas, que son a su vez los dioses pre-hispánicos y los recintos en los que se realizaba su veneración. Sería incorrecto tildar de milenarista al Taki Unquy, ya que este movimiento no pretendía un segundo retorno de Cristo sino más bien la rebelión en contra del culto occidental-cristiano.
La trascendencia del Taki Unquy rebasó las fronteras del Perú cuando el cantautor argentino Víctor Heredia publicó en 1986 un álbum musical con un nombre semejante (Taki Ongoy).

El escritor, dramaturgo, director y actor de teatro, nacido en Azangaro, Puno, Hugo Bonet Rodríguez escribió una obra de teatro titulada Taki Onqoy, que fue puesta en escena multitud de veces, sobre el arrepentimiento de los "indios" luego de haber ayudado a los españoles a derrotar a los Incas y las consecuencias históricas de tal acción; esta obra se encuentra en el libro del mismo nombre (Taki Onqoy), junto a otras obras del autor.


El antiguo imperio Inca fue uno de las más importantes y extensas civilizaciones de la América precolombina se encontraba emplazada en lo que corresponde a los andes centrales, llamada Tahuantinsuyo la centralización del estado se encontraba en el  Cuzco donde residía el emperador quien era responsable del bienestar del imperio y se ocupaba de la redistribución de los recursos. Antes de la llegada de los españoles, el imperio configuraba y tonificaba la vida en función de relaciones de reciprocidad entre los distintos grupos o castas sociales.
El español si bien en la llegada no supuso problema, puesto que los distintos pueblos que pertenecían a el imperio inca estaban acostumbrados a la conquista y aculturación de estos, con el modelo económico colonial español se da un  quiebre a la relación de emperadores providentes. La ausencia total de bienes, el rápido descenso de la población por las cargas impositivas de la encomienda, sumado a las enfermedades que se esparcieron rápidamente, sin embargo donde la desestructuración se sintió de manera más agresiva fue en el plano de la religión, puesto que el cristianismo no solo se baso en la predica para los indígenas sino en la persecución y castigos contra todas las formas de culto tradicionales.
  Todos estos antecedentes sembraron la idea de desorden o pachakutik (termino quechua), que correspondían a ciclos de 1.000 años, subdivididos en periodos de 500 años, que una vez cumplida su duración acababan de manera violenta en un cataclismo cósmico como podían ser un diluvio, lluvia de fuego, o la caída del cielo
 

 Los incas fueron desarraigados de las antiguas formas con las cuales configuraban su vida, en el plano económico el español no aseguro el bienestar del pueblo inca mediante la redistribución de los recursos, es más los trabajos impuestos por la colonia significaron jornadas de trabajo largas y extenuantes, junto con las enfermedades que redujeron considerablemente la población y la arremetida contra las prácticas religiosas importantes para el indígena supusieron la muerte y abandono de sus dioses dejando como consecuencia la crisis de carácter existencial y un desorden cósmico de inimaginables proporciones.
Bartolomé Alvarez, escrito entre 1587 y 1588 en el pueblo indígena de Aullagas, actual Pampa Aullagas, al suroeste del lago Poopó, en Bolivia:
                      216. (...) Es la fiesta que, juntos dellos la cantidad que se conciertan –y a veces uno o dos solos que quieren hacer la cerimonia-, comienzan a cantar un cantar que no es palabras, ni razones ni sentencias ni cosa que se pueda entender que dicen algo. Sólo suena “u, u, u, u”: es menester oírlo y verlo para entenderlo, que es tal que no se puede escribir. Y con este canto muy alto están de pie, dando de pie y mano, alzando un pie y abajando otro, y asimismo [=lo mismo] haciendo con las manos, los puños cerrados, meneando la cabeza a un lado y a otro, de suerte que con todo el cuerpo trabajan. Y para [=permanecen] en este canto tres o cuatro días con sus noches, y más: lo que las fuerzas les duran, que no cesan si no es que les venga necesidad de hacer cámara [=de defecar] o de orinar; que a esto salen, y luego vuelven a la tahona del demonio.


Buena vida para todos

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